miércoles, 25 de enero de 2012

POSITIVISMO INCLUYENTE Y EXCLUYENTE DESDE LA CONCEPCIÓN DE LOS PUNTOS ARQUIMEDICOS DEL DERECHO: LA VISIÓN JURÍDICA NO OCCIDENTAL DE LAS COMUNIDADES IN

Positivismo incluyente y excluyente desde la concepción de los puntos arquimedicos del derecho: la visión jurídica no occidental de las comunidades indígenas Emebera Chamí del municipio de Riosucio en el Departamento de Caldas en Colombia .

Rodrigo Giraldo Quintero .
El presente texto es un avance de investigación que se desarrolla en el marco del grupo de investigación: Derechos humanos y conflicto escalafonado en D que actualmente se dedica a estudiar las jurisdicciones indígenas.
Universidad de Manizales. Correo electrónico: espartaco17_octu@hotmail.com.
Kafka, Franz. Un mensaje imperial. Tomado de: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/kafka/mensaje.htm


El presente escrito pretende analizar el debate entre el positivismo incluyente y excluyente desde la óptica de los puntos arquimedicos del derecho –soberanía, ley, Estado, norma hipotética fundamental- y su ausencia en el tratamiento a para normatividades que siendo reconocidas constitucionalmente y desde el pluralismo jurídico, no tienen el peso necesario para entenderse como sistemas jurídicos sólidos como los tradicionales sistemas normativos occidentales.

El Emperador, tal va una parábola, te ha mandado, humilde sujeto, que eres la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje: el Emperador desde su lecho de muerte te ha mandado un mensaje para ti únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado que está correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte -toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio- ante todos ellos él ha mandado su mensaje. El mensajero inmediatamente embarca en su viaje; es un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino al través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo del sol repica de luz; al contrario de otro hombre cualquiera, su camino así se le facilita. Mas las multitudes son tan vastas; sus números no tienen fin. Si tan sólo pudiera alcanzar los amplios campos, cuán rápido él volaría, y pronto, sin duda alguna, escucharías el bienvenido martilleo de sus puños en tu puerta.
Pero, en vez, cómo vanamente gasta sus fuerzas; aún todavía traza su camino tras las cámaras del profundo interior del palacio; nunca llegará al final de ellas; y si lo lograra, nada se lograría en ello; él debe, tras aquello, luchar durante su camino hacia abajo por las escaleras; y si lo lograra, nada se lograría en ello; todavía tiene que cruzar las cortes; y tras las cortes, el segundo palacio externo; y una vez más, más escaleras y cortes; y de nuevo otro palacio; y así por miles de años; y por si al fin llegara a lanzarse afuera, tras la última puerta del último palacio -pero nunca, nunca podría llegar eso a suceder-, la capital imperial, centro del mundo, caería ante él, apretada a explotar con sus propios sedimentos. Nadie podría luchar y salir de ahí, ni siquiera con el mensaje de un hombre muerto. Mas te sientas tras la ventana, al caer la noche, y te lo imaginas, en sueños .